10.11.14
Un olor: Body Tonic
Nada de estas voces microsurco
ni credenciales narices.
Yo te conozco a ti por ese modo
de plegar tus falangetas, triste,
triste eczema de cerezales de almohada
de dos y tres de la mañana...
Deberías ponerle alguna... O todos tus cobertores
encima
y que no se escuche un solo potro
en ninguna oreja sobre ningún suelo.
¿Vienes a darme explicaciones?
Hidra. Patochada...
Y yo ahí voy...
Vuelta a la bola de hierro...
La palma al clavo...
He venido, sí,
a revolotear pájaros soplos,
por pelearle a una princesa gigante
este corazón en disco,
antes que se pierda tras caer en el soto.
He venido, también,
a entregarte esta humilde espada.
Y que dios o el destino o el diccionario
te ayude a encontrarle puerta
a esta síncopa de herraduras.
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